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El fotógrafo argentino que llevó ayuda a refugiados de la guerra en Ucrania: “Todo el tiempo ves momentos desgarradores”
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El fotógrafo argentino que llevó ayuda a refugiados de la guerra en Ucrania: “Todo el tiempo ves momentos desgarradores”

  • - 2022-03-09 - Modificado el 2022-03-09

Néstor Barbitta vive en Berlín y viajó con otro colega a Polonia, donde documentó las despedidas de las familias: "Estas historias necesitan ser contadas".


La escalada de la violencia ha aumentado las fuerzas de quienes están dispuestos a ayudar a los refugiados y los voluntarios llegan de todas partes del mundo.

Néstor Barbitta, fotógrafo y artista audiovisual argentino radicado en Berlín es uno de ellos. Publicó una petición de donaciones para llevarlas a la frontera entre Polonia y Ucrania. “Fue impactante la respuesta positiva de la gente”, contó. Llenaron la camioneta, y también recibieron donaciones económicas que superaron la cifra necesaria para los gastos.



En Medyka, Polonia, un grupo de refugiados recién llegados espera el próximo micro que los llevará a una ciudad cercana.


Su colega alemán, Jakob Schottstaedt,  tuvo la iniciativa y lo contactó para que lo apoyara en este viaje de alrededor de 10 horas desde Berlín. Néstor fue la primera persona en la que pensó para que lo acompañara. “Desde que comenzó la guerra, sentía que tenía que hacer algo, implicarme personalmente en el lado humanitario e involucrarme en lo periodístico para reportar la situación”, apuntó Jakob, quien es fotógrafo, productor y estudió dirección de cine.

Ambos se conocieron hace poco más de un año y se reencontraron con este objetivo. Además de compartir la profesión, su espíritu altruista los conectó a pesar de haberse visto solo una vez. “En un momento, dudé un poco, porque tenía que consultarlo con mi esposa, hay bastante miedo por la situación que se vive acá”, admitió Néstor, pero estaba seguro de que sí le encantaría ayudar y documentar la realidad. “Me parece que es importante poder mostrar lo que pasa y mostrarlo más de primera mano”, remarcó.


“Sé que va a ser duro, pero no podría decir que estoy preparado”, confesó Néstor el viernes pasado, cuando iban en camino. No era la primera vez que hacía un foto reportaje sobre temas humanitarios, pero ver el sufrimiento de otros siempre lo ha impactado.

Jakob asumió como un reto este viaje. “Nosotros tenemos que ser fuertes para afrontar una situación así”, afirmó. “Uno no quiere que la gente se sienta expuesta, pero a la vez, las historias necesitan ser contadas para que el mundo se entere de lo que está pasando”, subrayó. Eran conscientes de la complejidad de la misión, pero la necesidad imperante los ayudó a dejar de lado cualquier miedo o incertidumbre.



Reencuentro en la casa de acogida de refugiados en Przemysl, Polonia.

Como ellos, muchos autos particulares y de empresas iban camino a la frontera a aportar lo recolectado. “Es impresionante”, comentó Néstor, emocionado por el “río de solidaridad”.

Entre el sufrimiento y la esperanza

Néstor y Jakob llegaron a la frontera de Polonia y Ucrania el sábado. “El primer impacto fue ver que estaban bastante organizados a pesar del caos”, relató el argentino, ya de regreso en Berlín. “Tienen en cuenta la cantidad de miles y miles de personas que entran” a Polonia; unos llegan caminando y otros, en autos. Constató que el paso fronterizo, en la ciudad polaca Medyka, está abierto las 24 horas y “las colas son eternas” del lado ucraniano.

“Es una imagen durísima, todo el tiempo ves momentos desgarradores en que la gente llega, se abrazan, los reciben con una manta y comida caliente”, recordó el fotoperiodista. Él y sus colegas también cruzaron hacia el lado ucraniano para documentar el proceso de entrada de las personas. “Hay distintos puntos e instancias” donde los reciben, como la estación de tren de la ciudad Przemyśl, ubicada en el sureste de Polonia a unos 15 minutos de Medyka, explicó.



Una madre se despide de su hija en la frontera polaca antes de regresar a Ucrania.


Le impresionó ver que cómo algunas familias se separaban al llegar a la frontera. “La mayoría eran mujeres y chicos. Los pocos hombres que van se devuelven a luchar por su país. Es totalmente triste ver esas despedidas”, lamentó. “Lo que me impactó muchísimo es ver mujeres que vuelven también”, como el caso de una madre que dejó a sus hijos en la frontera y volvió a su ciudad para pelear junto a su marido. Vio a otra mujer joven que se despidió de su nena para ir a buscar a otras personas. “Es constante ver gente que retorna, es muy duro”.

La cantidad de voluntarios “es alucinante”. Néstor conoció a un joven que viajó desde Canadá en cuanto supo de la invasión y ha estado “laburando una semana sin parar. Hay gente de todo el mundo”. Con las indicaciones de un oficial, llegaron a un centro de donaciones en la ciudad Przemyśl y “en tres minutos” vaciaron la camioneta en la que se trasladaron, “hicieron un cordón humano”, relató Néstor.



Algunas familias llegan a pie. Los reciben los voluntarios con frazadas, comida caliente, juguetes y golosinas. También hay comida para las mascotas y agua.


Cuando regresaban, volvieron a la estación de tren de Przemyśl para buscar tres personas que necesitaran trasladarse a Berlín o a Cracovia. Al ver el cartel que Néstor improvisó, Marina, una señora mayor, se acercó a ellos. “Solo repetía Berlín, Berlín, y conoce unas tres palabras en inglés”. La mujer, junto con su perro Tiberio, iba a reunirse con su hermana. Las otras dos pasajeras eran amigas, ambas llamadas Helena. Ellas no tienen a nadie en la capital alemana, pero sabían que hay un centro para refugiados.

La comunicación se dificultó porque ellas no hablaban alemán ni inglés y ellos no hablaban ucraniano ni ruso, pero Néstor logró explicarles un poco utilizando el traductor de Google. En el camino, encontraron a un joven alemán que hizo las veces de intérprete para aclarar sus dudas, lo que las ayudó a tranquilizarse un poco.

Marina y Tiberio fueron los primeros en llegar a su destino, el domingo. “Fue muy emotivo, la hermana nos abrazó, todos lloramos”, contó. Luego, llevaron a las amigas al centro. Todos intercambiaron los contactos, y se aseguró este lunes de que ellas estaban bien y que pudieron descansar.



El costo del combustible se ha disparado con la guerra y hay escasez de nafta cerca de la frontera. Esta mujer recarga su auto para seguir viaje.

Néstor y Jakob decidieron que, si lo aceptan, utilizarán parte del dinero que sobró de las donaciones para ayudar a las tres ucranianas hasta que logren establecerse. Por la diferencia cultural, buscarán un intérprete para explicarles lo que quieren hacer y evitar malentendidos. El resto lo donarán a fundaciones dedicadas a apoyar a los refugiados ucranianos.

“La verdad, me iría con un colectivo a traer toda la gente posible, pero estamos contentos de que pudimos ayudar un poquito”, afirmó Néstor. Observó lo traumados que están los que huyen: “Están como perdidos, como en una especie de nube. Hay que tratar de tenerles paciencia y formar una red para que no pierdan la fe en la humanidad”.

El 1° de marzo, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), publicó en su página web que solicita 1.100 millones de dólares "para la ayuda humanitaria urgente”. La cifra de refugiados, reportó la organización, superó el 1,7 millones y la mayoría se dirige a Polonia. La ONU prevé que la cantidad podría ascender a los 4 millones.





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