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Desencanto centennial: los jóvenes son los más pesimistas sobre el futuro del país
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Desencanto centennial: los jóvenes son los más pesimistas sobre el futuro del país

  • - 2022-05-10 - Modificado el 2022-05-10

Una encuesta revela cómo ven el panorama económico las distintas generaciones. La influencia de las pantallas y el fenómeno libertario.

Contrariamente a la "Generación X" y los boomers, que confían en la recuperación económica de sus países tras el impacto del coronavirus, los centennials (también llamados "Generación Z") son el grupo etario y social más pesimista respecto al porvenir.

Nacieron entre 1996 y 2012, vivieron diversos fenómenos que sacudieron al mundo, son nativos digitales y poseen características personales, actitudinales y colectivas que los hacen únicos.

Así lo indica el informe Hábitos y comportamientos generacionales en Latinoamérica: estudio de consumo, realizado por la consultora Llorente y Cuenca (LLYC).

La muestra, impulsada por un equipo interdisciplinario, está conformada por más de 600.000 datos recolectados en México, Colombia, Argentina y Brasil. El foco son los cambios acontecidos con la pandemia.

Los centennials conviven simultáneamente en el mundo analógico y el digital.


Una de las principales conclusiones? Frente a sus pares en la región, los centennials argentinos muestran altos niveles de desesperanza hacia la economía del país, especialmente en el último año.

Este desánimo también se ve reflejado en sus escasas posibilidades de viajar. No les faltan ganas. En cambio, perciben un futuro incierto y un presente signado por la preocupación en torno al bolsillo, las restricciones en la movilidad y el encarecimiento de los viajes.

Los centennials crecieron golpeados por la recesión que explotó a finales de 2008 en los mercados, convirtiéndose en la generación más propensa a hablar e investigar sobre educación financiera.

Pese a que están acostumbrados a la inmediatez, no le temen a los riesgos. Además, consideran relevante implementar métodos de ahorro para alcanzar sus propósitos. Por eso, se posicionan como los principales impulsores de criptomonedas.

En un contexto de crisis sanitaria, productiva, financiera, laboral y humana, los trabajadores más jóvenes y de mediana edad tuvieron más probabilidades de experimentar estrés, en comparación con los trabajadores mayores.

Esto derivó en el inicio de un cambio de paradigma, en el cual la felicidad y el progreso ya no se miden en términos ocupacionales, sino de bienestar personal.


¿Existe un "desencanto Centennial"?

Se trata de la primera generación que nació en la era de la digitalización y hoy entra ya al mercado laboral, con nuevas pautas sobre la filosofía del éxito, la adultez y el entretenimiento. Los centennials latinos se distinguen por ser serviciales, sumamente expresivos y sociales.

Estos niños y jóvenes (que tienen entre 10 y 26 años) invierten gran parte de su tiempo en Internet, dentro de espacios que les permitan interactuar con gente afín.

Aunque tienen una vida "más digital que análoga", son quienes más valoran los espacios exteriores, tras el aislamiento que implicó el Covid-19. Es decir, la "vida on" y la "vida off" no están enfrentadas.

El "pesimismo centennial"
"La adolescencia es una construcción política, social y cultural, que se da en un contexto temporal determinado", puntualiza Jorge Prado, psicoanalista, especialista en formación docente y en adolescentes.

El "pesimismo centennial" al cual refiere el informe le dispara diversas reflexiones.

"En nuestro país, parte de esta generación transitó sus primeros años durante el apogeo del neoliberalismo o vio cómo su familia sufrió el estallido del 2001 y sus repercusiones. Junto al derrumbe económico, se puso en cuestión el viejo paradigma de trabajar para toda la vida, donde el futuro estaba asegurado o era prometedor", detalla Prado.

La desocupación, la crisis institucional y estatal tuvieron un impacto en los grupos familiares.

El docente universitario marca que, históricamente, durante estos años irrumpieron modalidades de trabajo precarias, como los trabajos mediotiempo, los freelancers, los monotributistas. Y, a la par, "proyectos cortoplacistas, meritocráticos y hasta irreales, de felicidad y prosperidad relacionados con la libertad de mercado".

La falta de oportunidades en amplios sectores (reflejado en los índices de pobreza, deserción estudiantil y bajos salarios) colabora al desencanto.

Permite, como indica Prado, que en el marco actual "la extrema derecha coopte a los adolescentes con promesas de éxito individual, aniquilando discursivamente los proyectos colectivos".

La "marea verde" alrededor del Congreso Nacional.

"¿Qué leyes pueden reivindicar si sienten que hay leyes que no los cuidan?", se pregunta.

Este fenómeno podría observarse en el crecimiento de los libertarios, que se proyectan como la contracara de la "casta política tradicional". Encuestas de Opinaia y Zuban Córdoba (por nombrar algunos) ya los ubican en un 18% de intención de voto, con fuerte incidencia juvenil.

"No es algo que funcione en una sola dirección. Hay activismos y militancias que se ven en las calles, llenos de chicos y chicas, que apuestan a proyectos comunes: el ambientalismo, el feminismo, la diversidad, los derechos humanos", matiza Prado.

La generación de las pantallas
Roxana Morduchowicz trabaja con la cultura juvenil y es asesora permanente de la Unesco en ciudadanía digital.

En consonancia con el eje del informe, advierte: "Esta generación está atravesada por las pantallas: con estas se entretienen, se educan, se relacionan. No se puede entender su cultura sin mirar su relación con la tecnología e Internet".

Javier Millei, referente del movimiento libertario, en Palermo durante el Día de la Primavera y del estudiante 2021.

La doctora en Comunicación habla de un mundo "mosaico", fragmentado, donde el zapping dejó de ser un comportamiento frente a la televisión para transformarse en una actitud frente a la vida.

"Es una marca generacional: solo 1 de cada 10 chicos usa un medio de comunicación a la vez. El resto, mientras busca información, escucha música, hace la tarea. Predomina el multitasking: hacer todo, al mismo tiempo". La simultaneidad y la inmediatez como una identidad.

Los centennials abren ventanas permanentemente, habitan a la vez el mundo cotidiano y el universo online. Para ellos, desaparecen las fronteras: son espacios igualmente reales.

Según Morduchowicz no se pueden comprender las definiciones sociológicas, psicológicas o sociales sin este aspecto.

"Nativos digitales": cuando la vida entera está atravesada por las pantallas desde el nacimiento.

La nueva fórmula es: "consumo contenidos cuando quiero, donde quiero, con quien quiero, cómo quiero". Los menúes rígidos, propios de otras camadas, ceden lugar a prácticas culturales descontracturadas y on demand.

"La llaman «generación presentista», porque el hincapié está en el presente", amplía la experta. ¿Qué lugar ocupa el futuro? "El mundo laboral está cambiando más rápido que nunca. No se sabe qué trabajo habrá cuando los chicos egresen", define.

Pero no salta a conclusiones negativas o unilaterales. Estima que todas las personas están viviendo un futuro impredecible. En un mundo global como nunca antes, cree que "sería injusto asociar la incertidumbre únicamente a los adolescentes: esta es la lección que nos dejó la pandemia y, ahora, la guerra".

¿Qué pasa con las otras generaciones?
El informe de LLYC no se restringe a los centennials. Respecto a la "Generación Y" o millennial (1981-1995), resalta que la pandemia supuso retos para los que no estaba preparada.

Sin embargo, habría logrado "adaptarse al cambio forjando nuevos hábitos y priorizando ámbitos que estaban dejando a un lado como la salud mental y el ahorro/inversión".

Aunque cuentan con más educación que sus padres, la realidad de estos jóvenes adultos está afectada por una sucesión de recesiones económicas, despidos masivos, estancamiento de los salarios y aumento del costo de vida. Por eso, su ingreso al mercado laboral es más lento que para cualquier otra generación.

Los millenials están surfeando un presente desafiante, con grandes dificultades en el mercado laboral.

Como subrayan los analistas, "han pasado de imaginar un futuro inclusivo y lleno de oportunidades a reinventarse en un presente intimidante".

Los millennials argentinos son los que registran una mayor caída en su intención y capacidad de ahorro en los últimos años. La crisis sanitaria cambió por completo sus finanzas personales.

Pese a que se distancian de los centennials en varios aspectos (no apuestan a las criptomonedas y la pandemia les legó una predilección por los espacios interiores), comparten con ellos un "escenario desesperanzador", "menos intenciones de viaje", "una extrema preocupación y pesimismo".

La "Generación X" (1969-1980) se erige como la más persistente en volver a la "vieja normalidad". Su panorama es optimista: esto se atribuye a la solidez económica que consiguió, manteniendo métodos de ahorro e inversión saludables.

Surfeó entre dos mundos: el analógico y el digital, al cual tuvo que adaptarse. Demostraron que pueden asimilar los cambios digitales.

"Baby boomers", los más optimistas y con mayor solidez económica.

La pandemia le supuso una responsabilidad triple: "Sortear la exigencia en un trabajo ahora virtual y cuidar padres ancianos, mientras seguían a cargo de sus hijos en crecimiento, conviviendo con ellos durante todo el día en el mismo espacio y aportando a su entretenimiento y educación, a su vez, virtuales".

Al revés que los más jóvenes, exhibe un interés en retomar viajes, aunque no deje de estar afectada por la crisis económica.

Los baby boomers (1949-1968) se vieron limitados en sus actividades en los años anteriores, por ser población de riesgo. La mejora sanitaria no cambió su nueva preferencia por los espacios interiores como lugar seguro. Confían plenamente en que sus países mejorarán. A nivel personal, cobraron mayor conciencia sobre su salud física y mental.

Los hay retirados y trabajando. Representan la generación con mayor poder adquisitivo, especialmente porque sus hijos ya son adultos independientes. Además, crecieron en una "era del optimismo", caracterizada por el ascenso social y la conquista de algunos derechos fundamentales.

Muchos no se reconocen como "adultos mayores" porque permanecen activos. Por esto, rechazan cierta mirada estigmatizante de los medios de comunicación y la publicidad.


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