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A un año de la muerte del motociclista que chocó con un UTV en Cariló, hablan los padres:
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A un año de la muerte del motociclista que chocó con un UTV en Cariló, hablan los padres:

  • - 2022-01-27 - Modificado el 2022-01-27

Matías Mares sufrió un accidente mientras corría con su moto en Cariló. "Tenía el destino escrito, murió en su ley", dicen sus papás.

Mariana y Eduardo están trabajando en la casa del Delta, poniéndola en condiciones después de veintipico de años sin pisarla. Aquí se crió Mariana, quien quedó embarazada de Matías hace poco más de 25 años. Justamente Matías soñaba con pasar más tiempo en este lugar bucólico y había impulsado la idea de ir a esos pagos "a ponerla habitable" para conectar con la naturaleza y el río.

"Desde hace un año que venimos todos los fines de semana a trabajar, a levantar este lugar mágico, que estuvo mucho tiempo abandonado y, de alguna manera, sentimos que Matías está aquí con nosotros", cuenta la pareja.

El domingo 24 de enero de 2021, Matías Mares (24), un apasionado de los deportes de aventuras y de las motos en particular, tuvo un accidente en los médanos de Cariló, donde se encontraba de vacaciones. Chocó contra un vehículo UTV y quedó en coma. El miércoles 27, como consecuencia de las serias lesiones, en el Hospital Comunitario de Pinamar confirmaron la muerte cerebral del joven, ante lo cual sus padres decidieron donar sus órganos.

"Pasó un año, increíble... ¿Cómo una madre, un padre, un hermano pueden recuperarse ante semejante mazazo de la vida? Se puede, por supuesto que nada es igual, que la herida no cerrará nunca, pero acá estamos, acá nos ves, vamos para adelante, trabajando mucho durante la semana y viniendo los fines de semana a este micromundo lleno de paz, como hubiera querido Mati. Quizás hubiera sido más cómodo quedarnos en la cama, pero decidimos no hacerlo, entendemos que el destino es el que nos tocó. Costó mucho pero lo entendimos", coincide el matrimonio.

Eduardo Mares y Mariana Presta son los padres de Matías y de Nicolás (17), aunque se mantiene en silencio, conmovido escuchando hablar sobre su hermano mayor. "De alguna manera estamos acá por Matías, creo que nos devolvió este lugar que resulta su legado. Y siento que aquí me puedo conectar con él, haciendo mis cosas, trabajando en la huerta, nadando en el río, que a él tanto le apasionaba. Siento que Mati me guía y me brinda una energía poderosa", grafica Mariana, odontóloga que además practica reiki, terapia de sonidos y sesiones con cristales.

No hay dramatismo ni llanto en Mariana ni en Eduardo, sí emoción y mucha fortaleza. Por supuesto que el dolor nunca se va, pero se permiten sonreír, disfrutar el día a día. "Yo soy una persona terrenal, me baso en los hechos y creo que lo fundamental para seguir... para mantenerse de pie es la aceptación. Entender que Matías ya no está físicamente, que por algún motivo decidió partir o se decidió, no sé, alguien de arriba, que el 24 de enero era su fecha de vencimiento. Todos la tenemos. Dolorosamente él la tuvo demasiado temprano", se expresa Eduardo, ingeniero mecánico y quien le inculcó a su hijo mayor la pasión "y la conducta" por los fierros.


Matías tenía muchas vidas en su corta pero intensa vida, y pudo cumplir cada objetivo que se fue planteando. "La tuvo tan clara, siempre proyectando, queriendo lograr, concretar... Yo a veces lo veía como un par no como un hijo -piensa Mariana-. Maduro, serio, inquieto, trabajaba en su emprendimiento de estética para los autos y estaba terminando la carrera de Ingeniería. Se había ido a vivir solo, tenía su auto, todas metas que se fue poniendo gracias a su esfuerzo. Luego tuvo su moto, su lancha, le fascinaban los deportes y sobre todo los que tenían algún tipo de riesgo. Yo sabía de esos riesgos pero sobre todo confiaba en Matías".


Acota Eduardo. "Mi hijo no era un loquito que andaba por los médanos a cualquier velocidad, jugándose la vida, para nada... Siempre fue una persona responsable, que tenía plena conciencia de los riesgos que podían haber, obvio, pero tomaba todas las precauciones y contaba con todo el equipo de protección profesional -remarca- que se requería para una actividad como la andar en moto o en cuatri. Por sobre todas las cosas, Matías era una persona respetuosa arriba del vehículo, un apasionado racional que entendía bien cómo conducir, pero desgraciadamente el destino dijo hasta aquí".


Suspiran todos y aprovechan para admirar el paisaje que los rodea. Mariana y Eduardo conforman un bloque de granito a prueba de implosiones y "haber transitado juntos este cimbronazo nos evitó caer al vacío y nos permitió refugiarnos en el otro, pero también contagiarnos de la fuerza y el empuje del otro", coinciden, "Ya no me pregunto más por qué, no está en mi personalidad mirar para atrás lo que pudo haber sucedido y no sucedió... Ya está, ya pasó y Mati no volverá, por eso prefiero pensar en el para qué nos pasó esto. Y una de las respuestas que hallamos es que vinimos aquí al Tigre impulsados por Matías", reflexiona la mamá.


No hay día en el que Eduardo no carbure en el accidente del funesto 24 de enero del año pasado. "Tengo la mala suerte de conocer mucho los médanos (compitió en distintas disciplinas) y soy analítico de los accidentes, sé cómo suceden sin necesidad de verlos. Y en este caso, leí el expediente y las declaraciones del chico de 17 años que, supuestamente, acompañaba al padre que manejaba... y me quedaron las cosas más claras. Al día de hoy no tengo dudas de que quien manejaba era el chico y no el padre, porque lo que sucedió allí fue falta de experiencia, falta de conocimiento de los médanos. Pero prefiero no echar culpas, no lo hice en su momento ni lo voy a hacer ahora".


Mariana abraza a Nicolás, que tiene los ojos vidriosos. "Como dije, no soy de mirar para atrás, ni de representarme la escena del accidente, pero sólo tengo una intriga que a veces me desvela y tiene que ver con que si Mati estaba todo lo atento que debía estar, si estaba con las antenas prendidas, concentrado en lo que podía venir del otro lado. Sólo eso y cuando me aparece esa intriga con insistencia, trabajo para sacármela de encima cuanto antes".


Aparecen en la conversación las tragedias de esta temporada: entre el 29 de diciembre y el 2 de enero murieron dos personas que estaban en cuatriciclo. "El dolor de las familias es inconmensurable... Esa madre (Agustina Queirel) que murió, pienso en esos chiquitos, pero es una locura lo que hizo, cómo esa mamá va a andar en cuatri sin casco, con dos criaturas de 2 y 7 años, además de otra persona adulta. Claramente esta mujer no tuvo el cuidado que sí tenía Matías, y sin embargo el resultado fue el mismo para ambos. Una fatalidad, el destino, parece que así estaba escrito", menea la cabeza Eduardo.


Conocedor del paño, Eduardo se agarra la cabeza cuando repasa algunas "actitudes suicidas" de los que abordan una moto o un cuatriciclo. "Lo digo con conocimiento de causa, hay gente que se sube a esos vehículos, en esos lugares, y creen que es un juguete... no entienden nada. No sé qué quieren demostrar, ¿sus habilidades? sin tomar los mínimos recaudos. Cuando subís un médano con un cuatri, tenés que tener en cuenta qué peso tenés adelante, qué peso hay atrás... No te podés mandar así nomás y subir a 45 grados como si nada porque se da vuelta... y chau".


Nicolás, que sigue en silencio, cursará el sexto año del secundario y está más ligado a la tecnología; las motos y las lanchas no son lo suyo. "No tengo claro qué voy a hacer, también me gusta mucho el periodismo deportivo", hace saber el chico de 17 años que extraña mucho a su hermano. "Lo sueño seguido, y pasamos lindos momentos juntos, pero cuando me despierto y no está me pongo mal, me angustio como ahora", alcanza a pronunciar entre lágrimas. "Tuve una muy linda relación con Mati y puedo decir con orgullo que nunca nos peleamos, salvo cuando jugábamos a la play", se le escapa una sonrisa.


Pese a que el día 27 de enero está directamente relacionado a la partida de Matías, también lo está a la decisión de sus padres que decidieron donar sus órganos y darles vida a cuatro personas. "Sabemos que su corazón late en el cuerpo de una chica de Florencio Varela, pero nada más", dicen.  Se respira serenidad en este bosque de ensueño. "Nos permitimos mirar para adelante, como hubiese querido Mati... Queremos volver a soñar, queremos sonreír seguido, es muy importante hacerlo", entiende el matrimonio. "A veces reímos y lloramos, a veces estamos horas sin hablarnos, todo es válido".

Pensativo, Eduardo intenta imaginar a Matías a su lado. "Me pasa seguido de mirar una silla vacía pero sintiendo que está él y me pregunto sobre qué estaríamos hablando... Y calculo que, por nuestras características, proyectando ideas nuevas, buscando cómo progresar, hablando de la carrera de Ingeniería, o con qué otras cosas podríamos mejorar esta casa o, simplemente, compartiendo una pizza y estando en familia como era nuestra costumbre".

La armonía predomina en la familia Mares. Da la sensación de que como se muestran hacia afuera deben ser puertas adentro, No existen los reproches, ni las culpas. "Le enseñamos a cuidarse arriba de un auto, de una lancha o de una moto. Nunca tuvo ni siquiera un rasguño. Después, siendo responsable e independiente, fue haciendo su propio camino y lo dejamos volar. Como dijimos hace un año, Mati se fue en su ley, haciendo lo que le apasionaba en el lugar que había elegido vacacionar".




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