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La ley también debe impedir la obstrucción del vínculo entre padres e hijos
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La ley también debe impedir la obstrucción del vínculo entre padres e hijos

  • - 2021-12-28 - Modificado el 2021-12-28

El periodista dio a conocer el drama que atraviesa sin poder ver a sus hijos desde hace seis años. Así iluminó un problema que se repite y requiere de una solución urgente.


En los últimos días el periodista Sebastián Domenech decidió contar y compartir el dolor que siente por estar separado de sus hijos desde hace más de 6 años. Una historia más de tantas, que día tras día se dirimen en la Oficina de Violencia Doméstica, en Tribunales y en los Organismos de Protección de Derechos. Generalmente las denuncias son similares, una disputa entre adultos en la que los niños, niñas y adolescentes quedan como motín de esa guerra.

Para entender por qué cada vez hay más historias de padres, madres, hermanos, abuelos y tíos forzosamente alejados de los chicos, hay que analizar el actual contexto jurídico y ver cómo se utilizan herramientas legales, como la denuncia de violencia familiar, que pueden generar consecuencias muy negativas en la psiquis de los chicos.


La Ley Nacional de Protección contra la violencia familiar 24417, (1994), junto a la Ley de Protección Integral a las mujeres 26485, (2009), son avances legislativos primordiales en la defensa de la integridad de mujeres y niños.


Con una denuncia ante la Oficina de Violencia Familiar de la Corte Suprema, o ante un juez, se puede obtener una orden de restricción contra el agresor. Y está bien, porque protege a los más vulnerables de la violencia y los abusos.


¿Pero que sucede cuando estas leyes fundamentales para el sistema de protección se utilizan para encubrir maniobras de hombres y mujeres para excluir al otro del hogar? ¿O para impedir el vínculo de un padre con sus hijos? Se provoca un estado de desvinculación de los chicos con su padre, madre o familia ampliada que hace construir en ellos el relato de que no quieren verlos más.


Cada vez vemos más padres empapelando tribunales, saliendo en los medios y mostrando copias de sus expedientes en cuanta organización o funcionario los quiera escuchar. ¿Y que exigen? Que la justicia actúe con la misma celeridad con la cual los excluyo de la vida de sus hijos. Piden ser padres, madres, abuelos o tíos con los mismos derechos y responsabilidades que el otro progenitor. Ser padres no se limita a cumplir con los acuerdos económicos pautados, es vivir el día a día de sus hijos, jugar, verlos crecer, acompañarlos.


¿Y que pasa con los niños, niñas y adolescentes separados de uno de sus padres y de su familia? Ellos necesitan de ambos padres para crecer, el Derecho a una Familia es uno de los derechos fundamentales de todo chico, y no hay porqué privárselo por una decisión judicial infundada en el tiempo. Una semana, un mes, o años sin ver a uno de sus padres causa un dolor y una angustia difícil de sobrellevar en un chico.


Es en el ámbito familiar donde los niños y niñas desarrollan su derecho a ser escuchados y que sus opiniones sean tenidas en cuenta de acuerdo a su madurez y capacidad progresiva. ¿Quién escucha a estos niños y niñas alejados de sus padres por una decisión judicial? Las mismas leyes que los protegieron de las situaciones denunciadas de abuso o maltrato deben protegerlos de la obstrucción de sus vínculos familiares de manera arbitraria, y los tiempos de resolución deben ser razonables.


Pedir que se entienda esto en beneficio de los niños y niñas no es pedir demasiado.



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